
Vagamos de un lugar a otro del mundo, guiados por los medios de comunicación globales, con una velocidad solo comparable a la falta de rigor informativo. ¿Dónde está la forma verdaderamente humana de graduar el valor de las cosas? Me llama mucho la atención cómo las cosas ganan y pierden importancia sin saber muy bien según qué factores. Ayer fue Japón, hoy es Libia, mañana será... Parece que se nos lleva de un lugar a otro del mundo, también ideológicamente. Si ayer apoyar la guerra de Irak era propio de asesinos, hoy apoyar la de Libia es de humanitarios. ¿Alguien entiende algo? Mientras, la primavera avanza inexorablemente, como la cuaresma, aunque ni nos paremos un minuto a pensar sobre ello. Me siento en el medio de una corriente, comprobando lo infructuoso que sería intentar nadar enfrentándome a ella, arrastrado por la fuerza de los acontecimientos. Y solo aferrado a las cosas que siempre que creído verdaderas. Con todas mis limitaciones.