
Estar con un hijo no es cosa que pueda dejarse pasar sin por ello pagar el alto precio de perderse sus gracias y sus pequeñas conquistas. He de pagar el peaje de no disponer de mucho tiempo para


Está claro: en poco tiempo faltarán personas que trabajen para ganarse la vida y ayudar a que otros se la puedan ganar: servicios públicos, previsión social, etc. En verde, los que faltan:
Hay tres alternativas:
CUEVAS, Aníbal, La felicidad de andar por casa, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid, 2009, ensayo, 180 páginas.
e leamos libros como éste, porque ayudan a reafirmar una serie de principios y de formas de creer, pensar y actuar en la línea de la defensa y el cuidado de la familia. Y lo hace porque está convencido de que vale la pena, de que es lo que redime nuestras vidas, de que es la fuente de todo lo bueno y lo santo que el hombre es capaz de soñar y realizar. No conozco al señor Cuevas más que a través de su blog y de este libro, pero creo que lo hace desde la vivencia cotidiana. Sabe lo que dice, porque lo está viviendo todos los días.
13 Diciembre 2009
No conciliamos. Que nadie se engañe ni se deje engañar por el buenismo de la Economía Sostenible en la que no se toca el mercado laboral para no ofender a los biempagados sindicatos. Lo acaba de demostrar un concienzudo informe elaborado por el CSIC. El 75% de las madres ha sentido que tener hijos limitaba, de alguna manera, su vida laboral.
No conciliamos por una sencilla razón: mientras conciliar sea un problema de las madres y no de la sociedad, siempre habrá un proceso de discriminación. Porque ayudar con la mal entendida discriminación positiva y facilitar a las madres reducciones de jornada o excedencias, no hace más que transformarlas en objetos peligrosos para los empresarios.La verdadera solución, la clave del problema es mucho más simple y beneficiosa para todos. No se cansa de pregonarla a los cuatro vientos Ignacio Buqueras. El secreto es la racionalización de los horarios laborales.
En Nueva York, a las cinco de la tarde se produce un fenómeno extraordinario. Y ocurre, realmente, a las cinco en punto, no a las cinco y diez, mucho menos a las ocho. A las cinco de la tarde las puertas de los grandes edificios se transforman en vomitorios de trabajadores de toda categoría y condición porque, a las cinco, ya no queda nadie trabajando. El que calienta silla no es visto con buenos ojos, como en España, sino como aquel incapaz de acabar su trabajo en tiempo y forma.
El día que en España padres, madres, abuelas y abuelos, solteros, casados, todos, estén en la calle a las cinco de la tarde, la mujer no necesitará esas discriminaciones positivas que suponen un estigma para poder ocuparse del mejor de sus negocios: su familia.
María Solano, periodista









